El Cristiano Y El Peluquero
En cierta oportunidad un cristiano fue a visitar a un peluquero no creyente para que le hiciera un corte de cabello. Una vez allí en aquella barbería, peluquero entabló una conversación con el cristiano y le dijo:
"Yo me he puesto a meditar y he llegado a la conclusión de que Dios no existe".
¿Cómo puede usted decir tal cosa? -Le replicó el cristiano- Debe tener argumentos realmente convincentes para atreverse a decir algo tan fuerte.
El peluquero responde: bueno chico, lo que pasa es que andando por calles de la ciudad, me he encontrado con una gran cantidad de indigentes que vagan por las carreteras, gente pasando hambre y necesidad, personas enfermas y drogadictos y pues, he llegado a pensar que dónde está Dios que no ayuda a estas personas. De allí mi conclución de que Dios, ¡no existe!
Aquellas palabras del peluquero dejaron al cristiano realmente confundido y entristecido porque pensó: ¿Cómo Dios siendo un Dios de amor puede permitir tales cosas? en verdad, era muy buen argumento aquel que le había presentado aquel estilista.
Al llegar el día siguiente el cristiano regresó a la barbería muy contento y el peluquero preguntó: ¿Qué lo trae por acá hermanito y por qué tanta alegría?
Bueno, -respondió el cristiano- es que me he puesto a pensar y llegado a la conclusión de que los peluqueros "no existen".
¡¿Quéeeee?! ¡¿Perdón?! ¡¿Estás loco?! ¿Cómo puedes decir que los barberos no existimos si aquí estoy yo? replicó el peluquero.
El cristiano: sencillo, he salido a las calles de la ciudad y he visto gente peluda y barbuda y he llegado a la determinante conclusión de que los peluqueros, ¡no existen!
Pero eso es muy sencillo de resolver, -contestó el peluquero- si esa gente que andan peludas y barbudas vinieran a mí, yo hasta de gratis les corto el pelo.
Bueno, -dijo el cristiano- igual pasa con Dios; si toda esa gente que tiene necesidad, esos drogadictos e indigentes vinieran a Dios, ya Él los hubiera ayudado. Todo es cuestión de acercase a Él y recibirle en el corazón para que cambie nuestras vidas.